Bayardo Molina, Pasión por el Evangelio.

Bayardo Molina, Pasión por el Evangelio.
“Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe.   En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”. Timoteo 4,6-8

Se acercaba el mediodía del viernes 26 de febrero y todo transcurría en aparente normalidad en nuestra Sede Santa Faustina en Medellín, cuando de repente la aparente normalidad se vio alterada por una llamada de larga distancia, al otro lado de la línea la voz pausada de S.E Monseñor Carasuolo Stacey, párroco de San Antonio de Padua en Guayaquil, Ecuador, para comunicarnos que nuestro hermano Misionero Bayardo Molina, recién llegado a su parroquia esa mañana había partido a la casa del Padre.

Bendecimos a Dios por la vida de quien hasta sus últimos instantes nos dio ejemplo de pasión por el anuncio de Jesucristo, ni siquiera los quebrantos de salud de los últimos meses, fueron motivo para suspender su peregrinar como ya era habitual en su día a día. Como Familia Espiritual Casa de la Misericordia, nos unimos en oración por sus hijas y demás familiares. Hacemos extensivo el saludo solidario de nuestro hermano Juan Carlos Saucedo Van Der Hans, Fundador y director General, en nombre de toda la Obra.

Tenemos la plena certeza que se ha cumplido en Bayardo aquella bella promesa dada por el Señor a Santa Faustina: “A las almas que propaguen la devoción a mi misericordia las protejo durante su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de su muerte no seré para ellas juez sino Salvador Misericordioso”. Diario 1075.

Que nuestro hermano Bayardo quien ya ha llegado a la meta, acompañe desde la eternidad el caminar de nuestra Obra, se une a ese ramillete de hermanos de nuestra Comunidad que durante estos 26 años como dice la Plegaria Eucarística “Nos han precedido en el signo de la fe y duermen el sueño de la paz”.

“Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios”. Hechos 20,24