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Novena de preparación a la Fiesta de la Misericordia -Octavo día. (Viernes de Pascua. Diario, 1226-1227)

Jesús pide: Hoy tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia.

Novena de preparación  a la Fiesta de la Misericordia -Octavo día. (Viernes de Pascua. Diario, 1226-1227)

Octavo día.

(Viernes de Pascua. Diario, 1226-1227)

  1. Oración inicial.

Te saludo, misericordiosísimo Corazón de Jesús, (Diario 1321)

O Letanías de la Divina Misericordia. (Diario 949) 

  1. Intención del día:

Jesús pide: Hoy tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Que los torrentes de Mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por Mí Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a Mi justicia. Está en tu poder llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de Mi Iglesia y ofrécelas en su nombre…. Oh, sí conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi justicia. (Diario, 1226)

III. Contemplamos:

Muéstrame, oh Dios, tu misericordia,

según la compasión del Corazón de Jesús. (Diario 1298)

 

Contempla los sentimientos de Jesús en la cruz por las almas del purgatorio:Todas estas almas son muy amadas por Mí”.

 

- Sus sentimientos: compasión abierta a la vida eterna

La revelación bíblica -especialmente los evangelios- nos muestra la mirada del amor incondicional de Dios que siempre nos salva. La mirada de Jesús va más allá de los umbrales de la muerte porque quiere a todos consigo en la vida eterna. Tiene una mirada de compasión por los muertos y busca atenuar sus penas con el bálsamo de las oraciones.

 Meditamos.

  1. Experiencia de santa Faustina:

“Le pregunté a Jesús: ¿Por quién debo rezar todavía? Me contestó que la noche siguiente me haría conocer por quien debía rezar. Vi al Ángel de la Guarda que me dijo seguirlo. En un momento me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes. Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas, solo nosotros podemos ayudarlas. Las llamas que las quemaban, a mi no me tocaban. Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni por un solo momento. Pregunté a estas almas ¿Cuál era su mayor tormento? Y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios. … Deseaba hablar más con ellas, sin embargo mi Ángel de la Guarda me hizo seña de salir. Salimos de esa cárcel de sufrimiento. Oí una voz interior que me dijo: Mi misericordia no lo desea, pero la justicia lo exige.” (Diario, 19)

  1. La Buena Noticia de la paz (cfr. Ef 2,17):

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».

Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».

Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». (Jn 11,20-26).

 

  1. Meditemos con la Santa Iglesia, madre y maestra.

Orar por los difuntos: una obra de amor que presupone la fe en la resurrección de los muertos

San Juan Crisóstomo, (347-407). Homilía 41,7-9 sobre la carta a los Corintios (1 Cor 15,46).

No lloremos por los difuntos, sino más bien por aquellos que han terminado su vida mal. .. Así también nosotros, regocijémonos cuando la casa corruptible se derrumbe, cuando el hombre sea sembrado. Y no nos extrañemos si llamó al entierro una siembra; porque, en verdad, esta es la mejor siembra: ya que a aquella siembra le siguen muertes, trabajos, peligros y preocupaciones; pero a esta, si vivimos bien, le siguen coronas y recompensas; y aquella, corrupción y muerte, pero a esta, incorrupción e inmortalidad, y esas infinitas bendiciones. Aquel tipo de siembra se destinaban abrazos, placeres y sueño; pero a esta, basta una voz que desciende del cielo para que todo alcance la perfección. Y quien resucita ya no es conducido a una vida llena de trabajo, sino a un lugar donde la angustia, el dolor y los suspiros han desaparecido.

[...] Pero no sé adónde ha ido, dices. ¿Por qué no lo sabes? Dime. Porque, según haya vivido bien o mal, es evidente adónde irá. Es más, por eso mismo me lamento, dices, porque se fue siendo pecador. Esto es solo un pretexto y una excusa. …

Pero admitamos que partió con pecado sobre sí, aun por esto debemos alegrarnos, que fue detenido en sus pecados y no se le añadió más iniquidad; y ayudémosle en la medida de lo posible, no con lágrimas, sino con oraciones, súplicas, limosnas y ofrendas. Porque no en vano se han ideado estas cosas, ni en vano mencionamos a los difuntos en el curso de los misterios divinos, y nos acercamos a Dios en su favor, implorando al Cordero que está delante de nosotros, que quita el pecado del mundo, no en vano, sino para que de ello resulte algún consuelo. No en vano clama el que está junto al altar cuando se celebran los misterios grandiosos: «Por todos los que han muerto en Cristo, y por los que realizan conmemoraciones en su favor». Porque si no hubiera conmemoraciones para ellos, estas cosas no se habrían dicho: ¡ya que nuestro servicio no es un mero espectáculo, Dios no lo quiera! Sí, estas cosas se hacen por ordenanza del Espíritu.

Démosles, pues, ayuda y honremos su memoria. Porque si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, (cf. Job 1,5), ¿por qué dudan de que cuando también nosotros ofrecemos por los difuntos, les surge algún consuelo? Puesto que Dios suele conceder las peticiones de quienes piden por otros.

No nos cansemos, pues, de ayudar a los difuntos, tanto ofreciendo por ellos como pidiendo oraciones por ellos; porque la común expiación del mundo está delante de nosotros. Por tanto, con valentía intercedemos por el mundo entero, y nombramos sus nombres junto con los de los mártires, de los confesores, de los sacerdotes. Porque en verdad todos somos un solo cuerpo, aunque algunos miembros son más gloriosos que otros; Y es posible obtener el perdón para ellos de todas las fuentes: de nuestras oraciones, de nuestras ofrendas en su favor, de aquellos cuyos nombres se mencionan junto al suyo. ¿Por qué, pues, os afligís? ¿Por qué llorar, cuando está en vuestro poder obtener tanto perdón para los difuntos?

  1. Oramos.
  2. Oremos con santa Faustina: (Diario, 1227)

 

Oración a Jesús: Jesús misericordiosísimo, Tu Mismo has dicho que deseas la misericordia; heme aquí que llevo a la morada de Tu muy compasivo Corazón a las almas del purgatorio, almas que Te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adeudada a Tu justicia. Que los torrentes de Sangre y Agua que brotaron de Tu Corazón, apaguen el fuego del purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de Tu misericordia.

 

Alabemos la Misericordia Divina:

Del tremendo ardor del fuego del purgatorio

Se levanta un lamento a Tu misericordia.

Y reciben consuelo, alivio y refrigerio

En el torrente de Sangre y Agua derramado.

Oración al Padre: Padre eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el purgatorio y que están encerradas en el muy compasivo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa Pasión de Jesús, Tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su sacratísima alma fue inundada, muestra Tu misericordia a las almas que están bajo Tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, Tu amadísimo Hijo, ya que creemos que Tu bondad y Tu compasión no tienen límites.

  1. Reza la Coronilla de la Divina Misericordia por los difuntos.

  1. Oración final:

Oh Jesús dulcísimo que Te has dignado permitirme a mi miserable conocer esta insondable misericordia Tuya; oh Jesús dulcísimo que quisiste benignamente que yo hablara al mundo entero de esta inconcebible misericordia Tuya, he aquí hoy tomo en las manos estos dos rayos que brotaron de Tu Corazón misericordioso, es decir, Sangre y Agua, y las derramo sobre toda la faz de la tierra para que toda alma experimente Tu misericordia y, al experimentarla, la adore por los siglos infinitos. (Diario 836)

  1. Ser instrumento de Paz.

Tu compromiso de misericordia para ser “instrumento de Paz.” para los difuntos que esperan el alivio del purgatorio. Programa una visita a un cementerio, buscando una tumba que veas descuidada y orando por aquel difunto, aunque no le hubieses conocido

Esta visita la puedes hacer ya sea físicamente o en tu imaginación si se te dificulta salir o debes tener cuidados de tu salud.