Año de la Fe: La Iglesia, Cuerpo de Cristo
Resumen de la Catequesis del Papa Francisco, Junio 2013

Parto de un texto de los Hechos de los Apóstoles, la conversión de Saulo, que luego se llamará Pablo, uno de los más grandes evangelizadores.
De camino a Damasco, una luz lo envuelve, cae a tierra y oye una voz que le dice: "Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues?"
Él pregunta: "¿Quién eres?" La voz responde: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues".
Esta experiencia nos dice la profundidad de la unión entre los cristianos y el mismo Cristo.
Después de la Ascención, con el don del Espíritu Santo, la unión de Cristo se ha vuelto aún más intensa.
La imagen del Cuerpo nos ayuda a comprender este profundo vínculo Iglesia- Cristo. El cuerpo nos habla de una realidad viva.
La Iglesia no es una asociación benéfica, cultural o política. Es un cuerpo vivo que camina y actúa en la historia. Un cuerpo que tiene una cabeza, Jesucristo, que lo guía lo ilumina y lo sostiene. Si se separa la cabeza del cuerpo, la persona no puede vivir.
Pero no sólo es eso, como en un cuerpo es importante que corra la savia vital para que viva. Así debemos permitir que Jesús obre en nosotros. Que su palabra nos guíe, que su presencia en le Eucarístia nos alimente, nos anime, que su amor dé fuerza a nuestro amor al prójimo.
¡Y esto siempre, siempre, siempre!
Como los miembros del cuerpo, aunque diferentes, forman un solo cuerpo, así nosotros bautizados en un mismo Espíritu, formamos un solo cuerpo.
En la Iglesia hay gran variedad, y diversidad de tareas y funciones. No hay la monótona uniformidad sino la riqueza de los dones que otorga el Espíritu Santo. Pero hay comunión y unidad. Vivimos unidos a Cristo; como cristianos, unidos al Papa y a los Obispos, que son instrumentos de unidad y de comunión.
Ser parte de la Iglesia también significa aprender a superar personalismos y divisiones, entendernos mejor, armonizar la variedad y las riquezas de cada uno. En una palabra: aprender a querer más a Dios y a las personas que están junto a nosotros, en la familia, la parroquia, las asociaciones.
Los conflictos sino se superan bien, nos separan, nos separan de Dios. El conflicto puede ayudar a crecer, pero también a dividir. Nosotros nos vamos por el camino de las divisiones. Con nuestras diferencias, pero siempre unidos. La unidad es superior a los conflictos.
La unidad es una gracia que debemos pedir al Señor, para que nos salve de las tentaciones, de las divisiones, de las luchas entre nosotros y del egoísmo y de los chismes. ¡Cuánto daño hacen los chimes!.
QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS
Pidamos a Dios: ayúdanos a ser miembros del Cuerpo de la Iglesia, siempre profundamente unidos a Cristo.
Ayúdanos a no hacer sufrir al Cuerpo de la Iglesia con nuestros conflictos, divisiones y egoísmos.
Ayúdanos a ser miembros vivos vinculados entre sí por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones.
Amén.
