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Orientación Temática

Misericordiosos como el Padre (cf. Lucas  6, 36)

“Mi Familia y Yo serviremos al Señor” (Josué 24, 15)

El actual Pontificado del Papa Francisco nos precisa: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros”  (MV 14)  Así nos ha recordado una apuesta que ha sido propia de la Iglesia desde su génesis como es asemejarse a su Señor, teniendo en cuenta que ello es una nota propia de la gran familia espiritual donde  Dios es ÉL  Padre, y cada hijo suyo está llamado a ser su vivo reflejo en este tiempo, encarnando su Mayor atributo; la Misericordia (Lc 6, 36. Ez 33, 11. Lc 15, 4-7. 11-32 DSF 163), Considerando los atributos de Dios, Santa Faustina Kowalska escribe:

“... el Señor me dio mucha luz para que conociera sus atributos.

El primer atributo que el Señor me dio a conocer fue su Santidad. Esta Santidad es tan grande que delante de Él tiemblan todas las Potencias y todas las Fuerzas. (...) Los espíritus puros encubren sus rostros y se sumergen en adoración permanente, y la única expresión de su adoración sin límites es Santo. (...) La Santidad de Dios es derramada sobre la Iglesia de Dios y sobre cada alma que vive en ella pero no de grado igual. Hay almas completamente divinizadas, pero hay también almas apenas vivas.

El segundo atributo que el Señor me dio a conocer, fue su Justicia. Su Justicia es tan grande y penetrante que llega hasta el fondo de la esencia de las cosas y delante de Él todo se presenta en desnuda verdad.

(...) El tercer atributo fue el Amor y la Misericordia. Y entendí que el mayor atributo es el Amor y la Misericordia. El une la criatura al Creador. El amor más grande y el abismo de la misericordia los reconozco en la Encarnación del Verbo, en Su redención, y de esto entendí que éste es el más grande atributo de Dios” (Diario, 180).

El pontificado de San Juan Pablo II, bien conocido como el Papa de la Misericordia, impulsó toda una reflexión de ésta como también su praxis pastoral y social, ofreciéndonos una encíclica: Dives in Misericordia,  y posteriores reflexiones que abrieron el camino a una comprensión que nos ubicarían en la manera de vivirla y ejercerla, en consonancia con lo exigido por el Señor a Santa Faustina Kowalska en su Diario la Divina Misericordia en mi alma, a saber: La Acción, la Palabra y la Oración (DSF 742)

Así mismo, San Juan Pablo II y el Papa emérito Benedicto XVI, nos aproximaron a una metáfora que daba cuenta de sus Magisterios, y es la de una Iglesia que se presentaba ante el mundo confuso, herido por la miseria, el pecado y el misterio del mal, como un faro; porque no hay Misericordia sin Verdad como lo manifestaba el cardenal Christoph Schönborn en el pasado Precongreso Apostólico Mundial de la Misericordia – WACOM del 2013 en Bogotá.  A esta imagen muy actual y necesaria, sumamos hoy la empleada por el Papa Francisco, de una Iglesia que es como un “hospital” de campaña que acoge los heridos de una humanidad enferma y en guerra.

Cuando nos disponemos, a vivir el Año Santo de la Misericordia, decretado por el Papa Francisco, nos parece oportuno que miembros de la Iglesia en general, representantes de nuestras comunidades de diferentes ciudades y países hermanos donde hacemos presencia, reunidos en Santiago de Cali, logremos a partir de la predicación de la Santa Palabra de Dios, la Tradición  Eclesial y el Rico Magisterio de los pontificados en mención,  disponernos a vivir intensamente este año Santo, recordando el compromiso de dar razón de nuestra esperanza que implica el encuentro decisivo con la Misericordia Divina que proporcione un nuevo horizonte a la existencia, lanzándonos como Misioneros de la Misericordia que ha sido considerado por nuestro proyecto 2012 – 2015, motivando el encuentro orante y cotidiano con la Palabra, buscando que miles de almas en el continente se encuentren con Jesús Palabra de Vida.

En este contexto de ambiente jubilar, de heridos por la miseria y el pecado, queremos recordar como Iglesia y comunidad que somos una gran familia espiritual, llamada a la fecundidad en la Iglesia, siempre corresponsable en la tarea evangelizadora y misionera, y que junto a nuestras familias naturales en el seno de nuestra Iglesia, podemos superar por la gracia de Dios la indiferencia, generando cultura del encuentro mediante nuestra decisión de servir al Señor (Jos 24, 15),  de modo que nuestros hogares se constituyan en Casas Misioneras de la Misericordia, para que sean signo visible de la Iglesia en salida y misericordiosa que a todos se acerca como faro con la luz de la Verdad, de la Palabra y la doctrina,  y con el gesto de la ternura;  el remedio de la Misericordia, y no de la severidad.

Finalmente y sumándonos al querer del papa Francisco en su Bula Misericordia Vultus No. 24, queremos como Casa de la Misericordia que el XIX Congreso Internacional de la Misericordia, sea el espacio apropiado para que “nuestra plegaria se extienda también a tantos Santos y Beatos que hicieron de la misericordia su misión de vida. En particular el pensamiento se dirige a la grande apóstol de la misericordia, santa Faustina Kowalska. Ella que fue llamada a entrar en las profundidades de la divina misericordia, interceda por nosotros y nos obtenga vivir y caminar siempre en el perdón de Dios y en la inquebrantable confianza en su amor”.

Temática

  • Misericordiosos como el Padre.
  • Reconciliación y perdón.
  • El profetismo de la Misericordia.
  • Verdad y Misericordia: la metáfora de la “Iglesia faro y hospital”.
  • Misericordiae Vultus, aproximación.
  • La Misericordia es la Iglesia en Movimiento.
  • Conversatorio: El compromiso social que desencadena la Misericordia.
  • Nutrirnos con  la Palabra, para ser eucaristía, alimento para los hermanos.
  • ¡Somos Familia Espiritual! La responsabilidad de custodiarnos unos a otros y ser fecundos espiritualmente.
  • María, en la Familia y en la acción misionera de la Iglesia.
  • Mi familia y yo serviremos al Señor (Casas Misioneras de la Misericordia)