Una casa para todos

Una casa para todos
Estamos muy cerca del encuentro de nuestra Familia Espiritual de la Casa de la Misericordia. Los próximos 9, 10, 11 y 12 de octubre, será nuestro 19 Congreso Internacional de la Misericordia en la ciudad de Cali, en el auditorio de la Pontificia Universidad Javeriana. Ya las peregrinaciones están terminando de inscribir a las personas que los acompañarán de las diversas ciudades de Colombia, Panamá, Estados Unidos, Perú, Nicaragua, Costa Rica y demás países. Nos llena de emoción el saber que nos encontraremos como hermanos, todos hijos de un mismo Padre Dios que nos ama, y desea renovarnos a través de esta gran experiencia.

Una de las temáticas de nuestro Congreso busca profundizar sobre la Familia como lugar de Misericordia. Uno de los grandes desafíos que tenemos los que somos padres de familia es lograr que nuestros hijos se experimenten hijos del Padre Dios, y así parte de la familia espiritual, lo cual fue una preocupación enorme para Angélica, mi esposa, y para mí, desde que nacieron nuestros hijos. La vida natural que Dios nos ha permitido darles a ellos no es garantía para que vivan la vida espiritual. De algún predicador escuché unas palabras un poco duras, pero en algún sentido muy ciertas: “Los hijos de evangelizadores serán muy probablemente pequeños fariseos.”

El día 24 de junio, día de san Juan Bautista, la Voz de la Misericordia en mi alma (es la frase que se escoge de la Palabra del día y se medita) me decía: “¿Qué va a ser de este niño?” (Lucas 1, 66). En mi reflexión escrita le decía al Señor: “¿Qué va a ser de mis hijos Señor? Tú nos has permitido darles la vida natural a Juan Pablo y a Mónica María, ahora junto con mi esposa Angélica, ayúdanos Señor a fecundar en ellos la vida espiritual. Santísima Virgen María, te los coloco en tus manos.” Hasta ahí fue mi reflexión. Dos horas más tarde me llama mi hija Mónica María y me deja un mensaje de voz muy emocionada: “¡Papá, papá ahora si quiero estudiar Teología, quiero conocer más de Dios!” Mónica acaba de graduarse de secundaria y decidió, junto a nosotros, entregarle un año de Misión al Señor. Hoy está en Brasil creciendo espiritualmente y sirviendo a la Iglesia.

El proceso de Mónica María, en este año de Misión, comenzó con la Escuela de los Misioneros de la Misericordia (que nuestra comunidad realiza periódicamente), una vez culminó la Escuela, ella afirmó: “Ya no tengo la fe de mis padres, ahora tengo mi propia fe, bendito sea el Señor.” Ahora, con Mónica María, no solo somos familia natural sino también familia espiritual, ya que es el Padre Dios el que nos permite reconocernos hermanos. En la Casa de la Misericordia oramos para que tu familia también pueda experimentar el amor del Padre Dios y ser Familia Espiritual.

Nuestra gran Familia Espiritual de la Casa de la Misericordia inicia desde este mes la Campaña “El Gran Ladrillo”,con la cual buscamos que cada comunidad pueda tener una sede propia. En esta primera etapa este esfuerzo solidario y comunitario está dirigido a apoyar nuestra sede en la ciudad de Medellín, quienes han adquirido una hermosa casa por valor de 300 millones de pesos y aun debemos 144 millones de pesos. La Campaña busca la generosidad de 200 familias que donen: “El Gran Ladrillo de 500.000 de pesos”. Una vez lograda esta meta seguiremos apoyando a las sedes de Cúcuta, Bucaramanga, Bosa e Ibagué.

Para donar “El Gran Ladrillo” pueden depositarlo en la cuenta de ahorros Bancolombia 1033-2631572 a nombre de Casa de la Misericordia y comunicarse al (57) 3112083971. “La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes sino que todo lo tenían en común.”(Hechos 4, 32).