Séptimo Día : Seminario de Vida en la Misericordia

Anuncio 7 : "La Vida en Misericordia, es en Comunidad". Conectate: https://youtu.be/IMAECLgaNTo

Séptimo Día : Seminario de Vida en la Misericordia

Anuncio 7: La Vida en Misericordia es en Comunidad.

Te expresé que el acontecimiento de Pentecostés en Hechos de los apóstoles nos recuerda el fruto poderoso del Espíritu; hombres y mujeres valientes, capaces de dar testimonio de Cristo hasta derramar la Sangre por confesarlo, como sucede con nuestros cristianos en Oriente Medio o en China en estos tiempos donde la persecución no cesa como expresó el cardenal Zen.

Ahora, la luminosidad de Pentecostés (2, 1-11) contrasta con la oscuridad y la necedad de Babel (Gn 11, 1-9), en el anuncio anterior te comenté que mientras Pentecostés genera la sólida unidad por el Espíritu gracias a la confesión de Cristo como Señor y Salvador, Babel genera confusión y dispersión, porque renunciando al Espíritu, el hombre se ha sentado en el lugar de Dios queriendo hacer un mundo marcado por el egoísmo… “Con el progreso de la ciencia y de la técnica hemos alcanzado el poder de dominar las fuerzas de la naturaleza, de manipular los elementos, de fabricar seres vivos, llegando casi al ser humano mismo. En esta situación, orar a Dios parece algo superado, inútil, porque nosotros mismos podemos construir y realizar todo lo que queremos.

Pero no caemos en la cuenta de que estamos reviviendo la misma experiencia de Babel. Es verdad que hemos multiplicado las posibilidades de comunicar, de tener informaciones, de transmitir noticias, pero ¿podemos decir que ha crecido la capacidad de entendernos o quizá, paradójicamente, cada vez nos entendemos menos? ¿No parece insinuarse entre los hombres un sentido de desconfianza, de sospecha, de temor recíproco, hasta llegar a ser peligrosos los unos para los otros?” (Benedicto XVI, 27 Mayo 2012) “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Jn 16, 13).

“Caminad según el Espíritu y no realizaréis los deseos de la carne” (Ga 5, 16) “El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz” (Ga 5, 22).

Santa Faustina movida por el Espíritu, se ubica en la adecuada senda comunitaria y eclesial (DSF 1364): "En un recogimiento profundo, junto a Tu Corazón misericordioso, durante estos ejercicios espirituales madura mi alma. En los rayos puros de Tu amor mi alma ha cambiado su amargura (19) transformándose en un fruto dulce y maduro; ahora puedo ser plenamente útil a la Iglesia con mi santidad personal que dará latidos de vida en toda la Iglesia, puesto que todos formamos un mismo organismo en Jesús.

Por eso me empeño en que la tierra de mi corazón produzca buenos frutos aunque el ojo humano, quizá, no los perciba; sin embargo llegará un día en que se podrá ver que muchas almas se han alimentado y se alimentarán de este fruto. El Mejor servicio que podemos prestar a la Iglesia es trabajar duro en la Santidad. Y entender que todos formamos un mismo organismo en Jesús".

Dios es familia; es Padre, Hijo y Espíritu Santo, recuerda que al crearnos dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, entendamos por qué la Iglesia, la Familia, el Matrimonio son tan atacadas hoy, porque son imagen de la comunidad Trinitaria. Todos los hombres son llamados al mismo fin: Dios. Existe cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la fraternidad que los hombres deben instaurar entre ellos, en la verdad y el amor (cf GS 24, 3).

El amor al prójimo es inseparable del amor a Dios. (Catecismo 1878) Sí hay Pentecostés tendremos comunidad, sí está el Espíritu de Dios tendremos autentica comunidad Eclesial, tendremos Iglesia doméstica. Rasgos de la Comunidad; (Hechos 2, 42-44): "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones… "Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común;" Hechos 2, 42. 44 San Pablo nos dice: "Ya no son extranjeros ni forasteros, sino ciudadanos de la ciudad de los santos; ustedes son la Familia de Dios." Efesios 2, 19 “Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quién toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra”. (Efesios 3, 14-15)

¡No nos dejemos robar la comunidad! (EG 92). ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno! (EG 101).

Miguel Fernández

Misionero.

Casa de la Misericordia