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Invitación a Jornada de oración, ayuno y penitencia en la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María

Invitación a Jornada de oración, ayuno y penitencia en la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María
El padre Ricardo Giraldo, Asesor espiritual, invita a todos los miembros de la obra, a unirse a la "Jornada de oración, ayuno y penitencia", el próximo lunes 15 de agosto en la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. En espíritu de “oración, penitencia y reparación”. No solo un homenaje por el Triunfo de María en su Asunción, sino de intercesión ante la grave situación del mundo, por nuestra Iglesia, nuestra patria y el Mundo; en reparación por las grandes ofensas a la fe,  y ambiente anti-cristiano actual.

Ante la situación del Mundo, el corazón del creyente, conmocionado mira al Salvador esperando la luz y la fuerza del Espíritu Santo, que sea apoyo para sostenerse firme. Entonces nuestro pensamiento se dirige a la Bienaventurada Virgen María, quien con su “SI”, venció al enemigo.

La celebración de la Asunción de María, nos invita a considerar el Reinado de Dios, el poder de Cristo sobre toda la Creación y el triunfo sobre el pecado y la muerte. Como afirma san Juan Pablo II: “La Asunción de María es una participación singular en la resurrección de Cristo.

En la liturgia de hoy san Pablo pone de relieve esta verdad, anunciando la alegría por la victoria sobre la muerte, que Cristo consiguió con su resurrección, "porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte" (1 Cor 15, 25-26). La victoria sobre la muerte que se manifiesta claramente el día de la resurrección de Cristo, concierne hoy, de modo particular, a su madre. Si la muerte no tiene poder sobre él, es decir sobre su Hijo, tampoco tiene poder sobre su madre, o sea, sobre aquella que le dio la vida terrena.” (San Juan Pablo II. Catequesis. 15 de agosto de 1995)

La relación entre Nuestra Señora y la misericordia es profunda e íntima. Como Madre de Jesús, rostro de la Misericordia Divina, ella es madre de misericordia. Ella estuvo siempre con su hijo, logra de El su primer milagro para renovar la alegría en la boda. Ella, al pie de la cruz, fue asociada a Su pasión para la redención de la humanidad. Y al ser asunta al Cielo, cuando “entró en el santuario de la Misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de amor” (MV 24), ha sido puesta como mediadora entre Su Divino Hijo Jesucristo y toda la humanidad.

Así pues, de este misterio surge una luz de esperanza para la Iglesia y la humanidad. De modo que, al celebrar la Asunción de nuestra Madre, que es triunfo sobre el pecado y la muerte, podríamos dirigirnos a ella con confianza, pues sabemos que “Ella, que ha vivido siempre íntimamente unida a su Hijo, sabe mejor que nadie lo que Él quiere: que todos los hombres se salven” (Cfr. Francisco, Homilía. Diciembre 12 de 2015), está al servicio de la Misericordia de Cristo.

Invito a ofrecer una jornada de oración, en espíritu de “oración, penitencia y reparación”. No solo un homenaje por el Triunfo de María en su Asunción, sino de intercesión ante la grave situación del mundo, por nuestra Iglesia, nuestra patria y el Mundo; en reparación por las grandes ofensas a la fe, por la actitud de desamor del mundo, y ambiente anti-cristiano actual, para que por nuestros ruegos, adoración, penitencia y oración reparadora, “un viento impetuoso de santidad recorra en este jubileo extraordinario de la misericordia en todas las Américas”. (Cfr. Francisco)

Importancia de la reparación.

Hoy día, damos particular importancia a la alabanza, la adoración, la petición y el perdón. Sin embargo, de algún modo, hemos olvidado un aspecto esencial de la vida cristiana: la reparación a Dios por nuestras culpas. Así lo expresaba Pío XI en la Encíclica Miserentissimus Redemptor (MR), en 1928, al hablar de la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús: “Pecadores como somos todos, abrumados de muchas culpas, no hemos de limitarnos a honrar a nuestro Dios con sólo aquel culto con que adoramos y damos los obsequios debidos a su Majestad suprema, o reconocemos suplicantes su absoluto dominio, o alabamos con acciones de gracias su largueza infinita; sino que, además de esto, es necesario satisfacer a Dios, juez justísimo, "por nuestros innumerables pecados, ofensas y negligencias" (MR5)

Ideas para esta Jornada de oración, ayuno y penitencia.

Sugiero vivir la Jornada en tres momentos durante el día (9am, 12m, y 3pm) para honrar tres principales atributos de María Santísima, a saber: el poder que le otorgó Dios Padre, por ser su Hija predilecta; la sabiduría de que la adornó Dios Hijo, al elegirla por su Madre; y la misericordia de que la llenó Dios Espíritu Santo, al escogerla por su inmaculada Esposa.

Es esos tres momentos podríamos tener el Viacrucis (a las 9:00 am), el santo Rosario (12 del día) y a las 3:00 pm, Hora de la Misericordia, una Hora Santa o Santa Eucaristía.

Si no se puede hacer así, al menos una jornada continua de tres (3) horas ya sea en la mañana o en la tarde, con similar distribución.

Pasos para vivir la Jornada.

1. Cantos y oración inicial

Oración inicial:

- Letanías a la Divina Misericordia (DSF 949. Ver Oraciones)

- Acto de contrición: (Yo Pecador o un salmo Penitencial)

2. Saludo a María. Honrar un atributo de María Santísima según la hora (9 am, 12m, y 3pm. Ver Oraciones) o al momento si se hace en jornada continua.

3. Lectura Bíblica.

I. (9 am). Lucas 1, 39-56

II. (12m). Apocalipsis 11,19a-12,10

III. (3pm). 1 Corintios 15,20-27

4. Oración según el momento:

I. (9 am). Viacrucis

II. (12m). Santo Rosario

III. (3pm. Hora de la Misericordia). Hora Santa o Santa Eucaristía

5. Coronilla.

6. Oraciones finales:

- Acto de reparación. (Ver Oraciones)

- Oración de santa Faustina para alcanzar misericordia para los pecadores (DSF 72 y 611. Ver Oraciones)

- Oración expiatoria al Sagrado Corazón de Jesús del Papa Pio XI (Ver Oraciones)

- Oración de Consagración del Mundo a la Divina Misericordia de san Juan Pablo II. (Ver Oraciones)

Anhelo y espero que la Misericordia Divina, que por diez justos estuvo dispuesta a perdonar a Sodoma (cfr. Gen 18, 20-32), mucho más perdonará a todos los hombres, cuando confiados supliquemos y reparemos unidos a la Madre de la Misericordia.