Día 2 Novena al Espiritu Santo . El Espíritu del Resucitado da vida a la Iglesia.

Día 2 Novena al Espiritu Santo . El Espíritu del Resucitado da vida a la Iglesia.

El Espíritu del Resucitado da vida a la Iglesia.


El soplo del Espíritu abre horizontes, despierta la creatividad y nos
renueva en fraternidad para decir presente (o bien, aquí estoy) ante la
enorme e impostergable tarea que nos espera. (Francisco, "Un plan para
resucitar")


1. Oración inicial.


Oración al Espíritu Santo (Como el día primero)
(Santa Faustina. Diario 1411)


Oh Espíritu de Dios, Espíritu de verdad y de luz, vive en mi alma
constantemente con Tu gracia divina…

El Señor habla:

Leamos Juan 20,19-23 ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con
ustedes!» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se
alegraron mucho al ver al Señor. Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con
ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también». Dicho
esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: a quienes
descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les
serán retenidos».


* Personalización de la Palabra.


Las comunidades nacen del Espíritu, viven crecen y trabajan unidos por el
poder del Espíritu de Jesús.


* Un plan para resucitar:


Resulta conmovedor destacar la actitud de las mujeres del Evangelio.
Frente a las dudas, el sufrimiento, la perplejidad ante la situación e incluso
el miedo a la persecución y a todo lo que les podría pasar, fueron capaces
de ponerse en movimiento y no dejarse paralizar por lo que estaba
aconteciendo. Por amor al Maestro, y con ese típico, insustituible y bendito
genio femenino, fueron capaces de asumir la vida como venía, sortear
astutamente los obstáculos para estar cerca de su Señor. A diferencia de
muchos de los Apóstoles que huyeron presos del miedo y la inseguridad,
que negaron al Señor y escaparon (cfr. Jn 18, 25-27), ellas, sin evadirse ni
ignorar lo que sucedía, sin huir ni escapar…, supieron simplemente estar y
acompañar…


Y fue precisamente ahí, en medio de sus ocupaciones y preocupaciones,
donde las discípulas fueron sorprendidas por un anuncio desbordante: “No
está aquí, ha resucitado”. Su unción no era una unción para la muerte, sino
para la vida. Su velar y acompañar al Señor, incluso en la muerte y en la
mayor desesperanza, no era vana, sino que les permitió ser ungidas por la
Resurrección: no estaban solas, Él estaba vivo y las precedía en su
caminar. Solo una noticia desbordante era capaz de romper el círculo que
les impedía ver que la piedra ya había sido corrida, y el perfume
derramado tenía mayor capacidad de expansión que aquello que las
amenazaba. Esta es la fuente de nuestra alegría y esperanza, que
transforma nuestro accionar: nuestras unciones, entregas,… nuestro velar y
acompañar en todas las formas posibles en este tiempo, no son ni serán en
vano; no son entregas para la muerte. (Francisco, Un plan para resucitar,


4)
*Santa Faustina nos comparte:
- Jesús: Dices que unas tinieblas grandes cubren tu mente, pues, ¿por qué
en tales momentos no vienes a Mí, que soy la Luz, y en un solo instante
puedo infundir en tu alma tanta luz y tanto entendimiento de la santidad
que no aprenderás al leer ningún libro ni ningún confesor es capaz de
enseñar ni iluminar así al alma? Has de saber además que por estas
tinieblas de las que te quejas, he pasado primero Yo por ti en el Huerto de
los Olivos.
(Diario, 1487. Diálogo de Dios Misericordioso con el alma).


3. Compromiso.


Haz un examen de conciencia. Cuáles son las situaciones personales que
oscurecen la presencia del Espíritu en tu vida? Qué harás?


4. Oraciones.


- Secuencia:


Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo,
Padre amoroso del pobre;
don en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Espíritu Santo ven, ven...


- Exprese sus intenciones personales.


- Oración a la Virgen María.


«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».
En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que
oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y
buscamos refugio bajo tu protección.
Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta
pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos
y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un
modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque,

para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas.

Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de
las consecuencias en la economía y en el trabajo.


(Oración del Papa Francisco.

Carta a todos los fieles, Mayo 2020)


Ave María y Gloria


- Oración final:


Oh Espíritu Santo y santificador! Te agradezco el llamamiento que me has
hecho de nuevo.
Gracias Señor porque me has separado para que sea tuyo.
Gracias! porque me repites que sea Santo.Gracias! porque me dices: "Yo soy el que te santifica".
Aquí me tienes, delante de Ti, con profunda gratitud, con ansias intensas
de santidad y con la seguridad puesta en tu acción santificadora.


(Mons. Alfonso Uribe J.)