CAMINO DE ADVIENTO 2014

La alegría de ir al encuentro con Jesús en Adviento Queremos ver a Jesús (cf. Jn 12,16)

CAMINO DE ADVIENTO 2014

 

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Celebrar el Adviento de Cristo es celebrar que Dios se hizo hombre, cercano.


Adviento nos invita a un caminar hacia su encuentro, encuentro que produce verdadero gozo, así se manifiesta el "espíritu navideño" cumpliéndose lo que el Papa Francisco nos comparte en su exhortación apostólica Evangeliii Gaudium (EG): "La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría". (EG 1)

Este Adviento alimentamos el deseo de ver a Jesús, abrir los ojos para descubrirlo cercano, acogedor, sanador. Hay cuatro ámbitos en los cuales podemos ejercitar ese "ver a Jesús": Su Palabra, la Oración, Su Madre, María, y el otro, el prójimo.

- El primero, en la lectura de la Palabra de Dios y especialmente en el Evangelio, donde descubrimos su mirada, sus palabras, sus gestos, su misterio, para ir uniéndonos y diseñando en nuestro interior el rostro de Jesús.

- En la oración íntima, confiada, cara a cara con El, vamos descubriendo su rostro, entrando en su intimidad y creciendo en su conocimiento.

- María como modelo de espera y encuentro nos ayuda a vivir tanto la escucha obediente como la respuesta gozosa.

También amamos a Cristo cuando salimos a su encuentro en los hombres, especialmente en los más necesitados, y les hacemos nuestros hermanos,

Caminando en la senda del Adviento, podremos encontrar a Jesús y alegrarnos de su presencia, iniciando en el mundo su Reino.

Por ello, nuestro Camino de Adviento 2014, sigue el reto expresado en la Carta Encíclica Evangelii Gaudium (EG) de encontrarnos con Cristo

Adviento comienza el domingo 30 de Noviembre, y se prolonga hasta la tarde del 24 de diciembre. Confiemos a la Madre de Dios, proclamada «bienaventurada porque ha creído» (Lc 1, 45), este tiempo de gracia.




La Corona de Adviento

Un símbolo propio de esta época es la Corona de Adviento. A su alrededor nos podemos reunir cada domingo para rezar en familia. Se hace con follaje verde, que significa la vida que Dios nos da por su gracia, con tres velas de color morado siguiendo el color litúrgico de la Iglesia, para recordarnos el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos tener para prepararnos a la llegada de Cristo y una rosada, que manifiesta la alegría por el cercano nacimiento. Estas se van encendiendo, una a una, cada Domingo de Adviento; como conduciéndonos a la Luz de Jesús, que se hace presente en la Navidad.

Puede añadirse una vela blanca, en el centro, que se enciende el día de Navidad, signo de Jesús, Luz del mundo. (El día de Navidad las cuatro velas pueden ser substituidas por otras de color rojo simbolizando el espíritu festivo de la fiesta)

Bendición de la Corona.

Puede llevarse al templo para ser bendecida por el sacerdote. Si no se pudo así, la puede bendecir con la siguiente oración:

P/ Señor, que en tu Hijo encarnado quisiste revelarnos tu amor cercano al hombre, Te damos gracias por este don de tu misericordia. Que Tu bendición descienda sobre esta Corona y sobre todos los que con ella queremos preparar la venida de Jesús.

Deseamos preparar nuestros corazones para la venida del Señor Jesús con la docilidad y el recogimiento del espíritu, uniéndonos a la Santísima Virgen e imitando fielmente su docilidad por la cual encontró complacencia a los ojos de Dios Mismo.

Al encender estas velas despierta en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo Rey del universo y única esperanza de la Humanidad, para que cuando Él llegue seamos admitidos al Reino de los Cielos. Amén.

EL CAMINO DE ADVIENTO

Primer Domingo

Al encuentro con Jesús en la Sagrada Escritura

1. Inicio: Encendido de la vela. En el nombre del Padre...

Encienda una vela morada diciendo:

Bendito eres Tú, Dios, nuestro Señor, Rey del Universo, que nos santificas con Tus preceptos y nos invitas a esta festividad. Guíanos con Tu Palabra, Santifícanos y guárdanos enteramente, sin mancha, hasta la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor. ¡Ven pronto, Señor. Ven a salvarnos!

2. Lectura Bíblica: Lucas 10, 38-42

Tiempo de reflexión en silencio.

Meditación:

Hay una forma concreta de escuchar lo que el Señor nos quiere decir en su Palabra y de dejarnos transformar por el Espíritu. Es lo que llamamos «lectio divina». Consiste en la lectura de la Palabra de Dios en un momento de oración para permitirle que nos ilumine y nos renueve... Cuando uno intenta escuchar al Señor, suele haber tentaciones. Una de ellas es simplemente sentirse molesto o abrumado y cerrarse; otra tentación muy común es comenzar a pensar lo que el texto dice a otros, para evitar aplicarlo a la propia vida. También sucede que uno comienza a buscar excusas que le permitan diluir el mensaje específico de un texto. Otras veces pensamos que Dios nos exige una decisión demasiado grande, que no estamos todavía en condiciones de tomar. Esto lleva a muchas personas a perder el gozo en su encuentro con la Palabra, pero sería olvidar que nadie es más paciente que el Padre Dios, que nadie comprende y espera como Él. Invita siempre a dar un paso más, pero no exige una respuesta plena si todavía no hemos recorrido el camino que la hace posible. Simplemente quiere que miremos con sinceridad la propia existencia y la presentemos sin mentiras ante sus ojos, que estemos dispuestos a seguir creciendo, y que le pidamos a Él lo que todavía no podemos lograr. (EG 152-153)

3. Oración. Hacer oraciones según las necesidades

Padre Nuestro / Ave María/ Canto.

4. Oración final:

Virgen María. Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.

Ayúdanos a seguir sus pasos, confiando en su promesa. Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe. Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.

Siembra en nuestra fe la alegría. Recuérdanos que quien cree no está nunca solo. Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino. Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.

p. Ricardo Giraldo M. ses- Asesor Espiritual Casa de la Misericordia