En la Escuela de Santa Faustina

En la Escuela de Santa Faustina

P. Ricardo Giraldo s.e.s.

María nuestra maestra de vida en la Misericordia

El: Miércoles, 18 Abril 2012. Publicado en: Escuela de la Misericordia, P. Ricardo Giraldo s.e.s., General

Espiritualidad de la Misericordia XI

María nuestra maestra de vida en la Misericordia

La Virgen María, Madre de Dios, es un elemento significativo de la espiritualidad del discípulo de la Misericordia, en quien se inspira al proponer y vivir su propio ideal evangélico; viviendo su relación con María no como un complemento accesorio en su vida cristiana, sino como una dimensión esencial de la misma.

El Concilio Vaticano II ha afirmado: "La verdadera devoción no consiste ni en un afecto estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, por la que somos conducidos a conocer la excelencia de la madre de Dios y excitados a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes" (LG 67). De ahí que la devoción del discípulo de la Misericordia no es algo exterior, sino que compromete todo el ser e imprime a la existencia una decisiva orientación hacia Dios.

A María la invocamos como “Trono de la Sabiduría”, ninguna criatura como Ella supo y entendió tanto de Dios, por eso tiene la mayor autoridad moral para enseñarnos el camino que lleva a Jesús. María se revela como una verdadera "maestra de vida espiritual" y, por lo tanto, capaz de transmitirnos la actitud verdadera en nuestra relaciones con Dios. El Papa Pablo VI, en una densa síntesis, en la Exhortación Apostólica Marialis cultus (1974), nos presenta a María como la Virgen oyente, la Virgen orante, la Virgen oferente y nos traza así nuestro camino espiritual hacia Cristo como lo transitó María.

María - modelo y Maestra de la vida interior. Quien quiera conocer a fondo la Divina Misericordia tiene en María, no solo un modelo sino una fiel maestra de vida en la Misericordia. El Beato Juan Pablo II afirma: “María es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia Divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es” (Dives in Misericordia, 9).

Ella es Madre y Maestra de la vida espiritual, que nos muestra cómo hacer de la propia vida un culto a Dios, y del culto un compromiso de vida. La Santísima Virgen es modelo de escucha auténtica de la Palabra, de disponibilidad para el compromiso y cumplimiento de la misión encargada, del diálogo oracional y la capacidad de ofrecimiento.

Santa Faustina es un ejemplo de cómo vivir el discipulado bajo la tutela de la Virgen María. En primera instancia, veneraba a María como Madre del Hijo de Dios de la Misericordia, advocación propia de la comunidad a la que perteneció y que marcó, en cierta forma, su experiencia de la Divina Misericordia y su espiritualidad.

En su Diario Santa Faustina habló mucho del papel de María como Madre y Maestra de la Misericordia. Ella le guio en el momento de su decisión de entrar a un convento, mas aún, en muchas ocasiones la Santísima Madre se le apareció junto con su Hijo (cfr. Diario 608, 846, otros), o como aquella que conduce hacia Él, concentrada toda en Él y participante en su obra de salvar las almas.

Relación íntima de Santa Faustina con la Virgen: María era para Santa Faustina un modelo de la vida cristiana que hay que contemplar y reflejar en su propia vida. Nuestra santa veía cómo María experimentó de manera singular y excepcional la misericordia y también la misericordia con la cual Dios colma a los hombres a través de María, y por ello entabla con ella una relación muy especial. No solo como madre sino como modelo y maestra de vida interior. Y María, siendo la mejor Madre, le enseñaba cómo debía actuar, en qué ejercitarse, en qué fijarse en la vida interior y la respaldaba en sus esfuerzos, alcanzándole las gracias necesarias. “… vivo bajo el manto virginal de la Santísima Virgen -dijo- ella me cuida y me instruye; estoy tranquila junto a su Inmaculado Corazón, ya que soy débil e inexperta, por eso, como una niña me abrazo a su corazón. …” (DSF 1097).

La Santísima Virgen toma parte activa en su formación espiritual, enseñándole cómo vivir para Dios y para las almas a través de la palabra y con el ejemplo de su propia vida (cfr. DSF 561); por eso santa Faustina la llamó su Instructora (cfr. DSF 620) y cumplía con fidelidad los consejos de la Madre de Dios. Y para nosotros también se constituye en Instructora de Vida en Misericordia, como afirman los obispos en Aparecida: “… María ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo… Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado...” (DA 272).

María es modelo en todas las virtudes (cfr. DSF 161), ante todo de plena disponibilidad a la Voluntad de Dios en actitud de total confianza en Dios y en valiente de entrega, a pesar de que la espada del dolor traspasó su alma, (cfr. DSF 786,  915) y como tal encomienda encarecidamente ser fiel a la Voluntad Divina “anteponiéndola a todos los sacrificios” (DSF 1244, Cfr. 499).

María es modelo de recogimiento del espíritu (cfr. DSF 1398). Así nos enseña a descubrir a Jesús en nuestra alma, como hizo con santa Faustina (cfr. DSF 840); y nos da una clave y en el ejercicio de la humildad: “Hija mía - le dijo - procura ser mansa y humilde para que Jesús que vive continuamente en tu corazón pueda descansar. Adóralo en tu corazón, no salgas de tu interior” (DSF 785).

María constantemente recomienda el ejercicio de las virtudes, de entre las cuales valora sobre todo la humildad, la pureza y el amor a Dios expresado en docilidad (DSF 449, 1398), virtud muy propia de quien vive la infancia espiritual (DSF 677); obediencia a Dios y amor al prójimo (DSF 1415, 1244, 1711).

María nos insta a colaborar con Jesús en la obra de salvar las almas, aceptando la misión apostólica confiada por Cristo, de proclamar al mundo el misterio de la Misericordia Divina y de implorar la misericordia de Dios para el mundo entero. (DSF 635, 325).

Santa Faustina le confió a María su vida interior con plena confianza, pidiendo que la guiara. “...Oh Virgen radiante, pura como el cristal, toda sumergida en Dios -se dirigió a María en una oración- te ofrezco mi vida interior, arregla todo de manera que sea agradable a tu Hijo. …” (DSF 844).

Construyendo comunidades con María

La presencia de María en nosotros, “enriquece la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora”. Vivamos como discípulos de la Misericordia una espiritualidad mariana tal que podamos hacer de nuestras comunidades “casa y escuela de la comunión” y en espacio espiritual que prepara para la misión” conforme a lo que nos recomiendan los obispos en Aparecida. (DA 272).

Nos encomienda el Papa Benedicto XVI: “Permanezcan en la escuela de María. Inspírense en sus enseñanzas. Procuren acoger y guardar dentro del corazón las luces que ella, por mandato divino, les envía desde lo alto” (DA 270. Benedicto XVI).

Para tal efecto, pidamos ayuda a la Madre de Dios en obtener las gracias necesarias para saber ser los auténticos discípulos misioneros de la Divina Misericordia, al modo de santa Faustina:

Oh dulce Madre de Dios, Sobre ti modelo mi vida, Tú eres para mí una aurora radiante, Admirada me sumerjo toda en ti.

Oh Madre, Virgen Inmaculada, En ti se refleja para mí el rayo de Dios.

Dulcísima Madre, continúa enseñándome sobre la vida interior.

Tú me enseñas cómo amar a Dios entre tormentas, Tú eres mi escudo y mi defensa contra el enemigo. Oh Virgen pura, derrama valor en mi corazón y protégelo. Que la espada del sufrimiento no me abata jamás. (DSF 1232, 915).

Así nuestra devoción y culto a la Madre de Dios no será solamente piedad hacia María, sino ante todo piedad según el modelo de María.

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