Principios de la Comunidad

Principios de la Comunidad
  • La Casa de la Misericordia es una asociación de fieles laicos en plena Comunión Doctrinal con la Iglesia Católica.

El fiel laico «no puede jamás cerrarse sobre sí mismo, aislándose espiritualmente de la comunidad; sino que debe vivir en un continuo intercambio con los demás, con un vivo sentido de fraternidad, en el gozo de una igual dignidad y en el empeño por hacer fructificar, junto con los demás, el inmenso tesoro recibido en herencia. (Christifideles Laici No. 20 Párf 5)

  • La Casa de la Misericordia conoce, asume y difunde el mensaje de la Divina Misericordia con el fin de renovar la vida de los fieles, suscitando actitudes de Confianza hacia Dios y Misericordia hacia el prójimo.

"Mi mayor deseo es que las almas te conozcan, que sepan que eres su eterna felicidad que crean en tu bondad y que alaben tu infinita Misericordia" (DSF 305)

  • La Casa de la Misericordia ofrece al laico espacios pastorales ordenados, que inician con el encuentro con Cristo y conducen al discipulado, ofreciendo una opción que le permite crecer y madurar su vivencia cristiana.

Doc Aparecida 240 – 245 / 276 - 285

  • La fraternidad que caracteriza a los miembros de la Casa de la Misericordia, es aquella que nace de nuestra comunión con Cristo y reconoce la presencia de Dios en el hermano.

Que ellas mismas se acusen de las desobediencias exteriores y pidan a la Superiora la penitencia; que la hagan en el espíritu de humildad. Que se amen unas a otras con el amor superior, con el amor puro, viendo en cada hermana la imagen de Dios. La característica singular de esta pequeña Comunidad lo es el amor, así que no estrechen sus corazones, sino que abracen al mundo entero, ofreciendo misericordia a cada alma a través de la oración, según su vocación. Si somos misericordiosas en este espíritu, también nosotros mismas alcanzaremos la misericordia. DSF 550

  • La Casa de la Misericordia acoge las iniciativas de la Iglesia Particular y ofrece su aporte para integrar y dinamizar la unión pastoral.

Deseo cansarme, trabajar, anonadarme por nuestra obra de salvación de las almas inmortales. No importa si estos esfuerzos acortan mi vida, dado que ella ya no me pertenece, porque es la propiedad de la Congregación. Por la fidelidad a la Congregación deseo ser útil a toda la Iglesia. (DSF 194)