Misioneras y Misioneros de la Misericordia

Después de su proceso de formación, los jóvenes misioneros de la obra salen a la misión

Misioneras y Misioneros de la Misericordia

Después de dos meses de formación en las sedes de las casas de la misericordia Jesucristo Nuestra Esperanza de Cali, y Santa Faustina en Medellín, nuestro grupo de jóvenes misioneros asumieron el envío, y acompañarán varias ciudades de Colombia, Panamá y Guayaquil- Ecuador,  en esta tarea.

La sede Cristo Te Sana en Bogotá el 5 de marzo, recibió a los misioneros Emanuel Sánchez quien va para Panamá,   Gabriel Arguello y Edward Casas, en compañía del padre Izaías Márquez, quien les dio la bienvenida y de Martha de Reyes coordinadora de la sede. También agradecieron a las misioneras Yuliet Garavito Coa, y de Maritza Puente, quienes estuvieron acompañando las actividades comunitarias y pastorales durante los últimos meses.

El 7 de marzo desde Cali, Gabriela  Arguello la joven misionera paraguaya se unió con gran entusiasmo al equipo de misionero de la obra en Itsmina  Chocó, que acompañan esta tarea con la bendición de Monseñor Julio Hernando García Peláez. 

El 8 de marzo Damarys Mendoza y Karen Natalia Carrillo partieron al Ecuador en compañía de nuestro fundador a llevar esta experiencia y testimonio del amor de Dios. Ellas fueron acogidas y recibieron la bendición de Monseñor  Luis Gerardo Cabrera Herrera, Arzobispo de Guayaquil, para fundar la primera Casa de la Misericordia en el vecino país.

El 10 de Marzo, la Casa de la Misericordia Jesús de Nazaret en Bucaramanga, le dio la bienvenida a nuestras Misioneras, Eliana De Oro, Aylin Milagros Martínez, y Themis Leonor Vergara, quienes después de vivir el proceso de formación en Ciudad de Cali, El Señor les permite continuar con su proceso de formación y misión en la “Ciudad Bonita”, apoyando la labor pastoral, administrativa y misionera que adelanta la Sede en las “tierras del gran Santander.

Bendecimos a Dios por este grupo de jóvenes valientes que han asumido este llamado del Señor en distintos lugares de nuestra patria y de nuestros países hermanos, entendiendo como lo ha dicho el Papa Francisco que en el desierto de nuestras ciudades y países se necesitan personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma, mantengan viva la esperanza y sean cántaros para dar de beber la fuerza transformadora de la Palabra y  lleven el fuego de la Misericordia. Dios bendiga y acompañe a nuestros misioneros.