Oraciones a Jesús Eucaristía

  • Acto de ofrecimiento

    Acto de ofrecimiento

    Oh Jesús Hostia que en este momento he recibido en mi corazón y en esta unión Contigo me ofrezco al Padre  celestial como hostia expiatoria, abandonándome plena y absolutamente a la misericordiosísima, santa  voluntad de mi Dios. Desde hoy, Tu voluntad, Señor, es mi alimento. Tienes todo mi ser, dispón de él según Tu divina complacencia.

    Cualquier cosa que Tu mano paternal me ofrezca, la aceptaré con sumisión,  serenidad y gozo. No tengo miedo de nada, cualquiera que sea el modo en que quieras guiarme; y con la  ayuda de Tu gracia cumpliré cualquier cosa que exijas de mí. Ya ahora no temo ninguna de Tus inspiraciones  ni (23) analizo con preocupación a dónde me llevaran. Guíame, oh Dios, por los caminos que Tú quieras;  tengo confianza absoluta en Tu voluntad que es para mí el amor y la misericordia mismos.

    Me haces quedarme en este convento, me quedaré; me haces comenzar la obra, la comenzaré; me dejas en la  incertidumbre hasta la muerte respecto a esta obra, bendito seas; me darás la muerte en el momento en que  humanamente mi vida parecerá más necesaria, bendito seas. Me llevarás en la juventud, bendito seas; me  harás alcanzar edad avanzada, bendito seas; me darás salud y fuerzas, bendito seas; me clavarás en un lecho de  dolor quizá por toda la vida, bendito seas; me darás solamente desilusiones y fracasos durante la vida, bendito seas; permitirás que mis mas puras intenciones sean condenadas, bendito seas; darás luz a mi mente, bendito  seas; me dejarás en la oscuridad y en toda clase (24) de angustias, bendito seas.

    Desde este momento vivo en  la mas profunda serenidad, porque el Señor Mismo me lleva en Sus brazos. Él, el Señor de la misericordia  insondable, sabe que lo deseo solamente a Él en todo, siempre y en todo lugar.

    Santa Faustina Kowalska
    Diario No. 1264

  • Adoración Eucarística de Juan Pablo II

    Adoración Eucarística de Juan Pablo II

    Señor Jesús:

    Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.

    "Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios" (Jn. 6,69).

    Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.
    Aumenta nuestra FE.

    Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.

    Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.

    Siguiéndote a ti, "camino, verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo" (Mt. 17,5).

    Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.

    Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.

    Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros" (Heb. 7,25).

    Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.

    Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.

    Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

    Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.

    Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo" (Flp. 1,21).

    Nuestra vida no tiene sentido sin ti.

    Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente todo se puede sufrir". En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración "el amor es el que habla" (Sta. Teresa).

    Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.

    CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt. 26,38).

    Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.

    El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables" (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.

    En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.

    Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o "misterio".

    Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el "misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.

    Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.

    Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.

    Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.

    Amén.

    Juan Pablo II

    Fuente: aciprensa.com

  • Oración al Corazón de Jesús en la Eucaristía

    Oración al Corazón de Jesús en la Eucaristía

    Padre celestial que haz aceptado por el perdón de nuestros pecados todos los dolores del Corazón de Jesús en la Eucaristía, ten piedad de nosotros.

    Corazón eucarístico de Jesús, ten piedad de nosotros
    Corazón solitario (en adelante se repetirá "ten piedad de nosotros")
    Corazón humillado,
    Corazón abandonado,
    Corazón olvidado,
    Corazón despreciado
    Corazón ultrajado,
    Corazón desconocido por los hombres,
    Corazón amante de nuestros corazones,
    Corazón que suplica que lo amen,
    Corazón paciente en esperarnos,
    Corazón pronto a escucharnos,
    Corazón que desea que se le rece,
    Corazón horno de nuevas gracias,
    Corazón silencioso que quiere hablar a las almas
    Corazón dulce refugio de la vida oculta,
    Corazón, maestro de los secretos de la unión divina,
    Corazón de aquel que duerme pero que vela siempre,
    Corazón de Jesús en la Eucaristía,

    Jesús hostia, quiero consolarte,
    Me uno a ti,
    Me inmolo contigo,
    Me anonado delante de ti,
    Quiero olvidarme de mí para pensar en ti,
    Quiero ser olvidado y despreciado por amor a ti,
    No quiero ser comprendido ni amado sino por ti,
    Me callaré para escucharte, y me iré para perderme en ti.
    Haz que calme así tu sed por mi salvación, tu sed ardiente por mi santidad, y que purificado, te de un puro y verdadero amor.
    No quiero cansarte de esperar; tómame, me doy entero a ti.
    Te encomiendo todas mis obras: mi espíritu para iluminarlo, mi corazón para dirigirlo, mi voluntad para fijarla, mi miseria para curarla, mi alma y mi corazón para nutrirlos.
    Corazón de mi Jesús en la Eucaristía, cuya sangre es la vida de misma, que yo no viva más, sino vive sólo tú en mí.

    Amén.

    Fuente: aciprensa.com

  • Oración para una visita a Jesús Sacramentado

    Oración para una visita a Jesús Sacramentado

    ¡Oh Jesús de mi alma, encanto único de mi corazón!, heme aquí postrado a tus plantas, arrepentido y confuso, como llegó el hijo pródigo a la casa de su padre. Cansado de todo, sólo a Ti quiero, sólo a Ti busco, sólo en Ti hallo mi bien. Tú, que fuiste en busca de la Samaritana; Tú, que me llamaste cuando huía de Ti, no me arrojarás de tu presencia ahora que te busco.

    Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra; el mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad, turbado y lleno de temor e inquietudes...; te busco y no te encuentro, te llamo y no respondes, te adoro, clamo a Ti y se acrecienta mi dolor. ¿Dónde estás, Señor, dónde, pues no gusto las dulzuras de tu presencia, de tu amor?

    Pero no me cansaré, ni el desaliento cambiará el afecto que me impulsa hacia Ti. ¡Oh buen Jesús! Ahora que te busco y no te encuentro recordaré el tiempo en que Tú me llamabas y yo huía... Y firme y sereno, a despecho de las tentaciones y del pesar, te amaré y esperaré en Ti.

    Jesús bueno, dulce y regalado padre y amigo incomparable, cuando el dolor ofusque mi corazón, cuando los hombres me abandonen, cuando el tedio me persiga y la desesperación clave su garra en mí, al pie del Sagrario, cárcel donde el amor te tiene prisionero, aquí y sólo aquí buscaré fuerza para luchar y vencer.

    No temas que te abandone, cuando más me huyas, más te llamaré y verteré tantas lágrimas que, al fin, vendrás... Sí..., vendrás, y al posarte, disfrutaré en la tierra las delicias del cielo.

    Dame tu ayuda para cumplir lo que te ofrezco; sin Ti nada soy, nada puedo, nada valgo... Fortaléceme, y desafiaré las tempestades.

    Jesús, mío, dame humildad, paciencia y gratitud, amor..., amor, porque si te amo de veras, todas las virtudes vendrán en pos del amor.

    Te ruego por los que amo... Tú los conoces, Tú sabes las necesidades que tienen; socórrelos con generosidad. Acuérdate de los pobres, de los tristes, de los huérfanos, consuela a los que padecen, fortalece a los débiles, conmueve a los pecadores para que no te ofendan y lloren sus extravíos.

    Ampara a todos tus hijos, Señor, más tierno que una madre.

    Y a mí, que te acompaño cuando te abandonan otros, porque he oído la voz de la gracia; a mí, que no te amo por el cielo, ni por el infierno te temo; a mí, que sólo busco tu gloria y estoy recompensado con la dicha de amarte, auméntame este amor y dadme fortaleza para luchar y obtener el apetecido triunfo.

    Adiós, Jesús de mi alma salgo de tu presencia, pero te dejo mi corazón; en medio del bullicio del mundo estaré pensando en Ti, y a cada respiración, entiende. oh Jesús, que deseo ser tuyo.

    Amén.

    Fuente: aciprensa.com

 

Intención Generaldel Papa Francisco

La intención general para la oración es:
"Para que los medios de comunicación sean instrumentos al servicio de la verdad y la paz".

 

Intención Misioneradel Papa Francisco

La intención misionera es: "Para que María, Estrella de la Evangelización, guíe la misión de la Iglesia de anunciar a Cristo a todos los pueblos".

 

Intenciones de Oraciónde la Comunidad

La intención general Octubre:
"que quienes se sienten agobiados hasta el extremo de desear el fin de su vida, adviertan la cercanía amorosa de Dios".

Corporación Casa de la Misericordia / NIT 830.022.415-9
Bogotá Colombia / 1989