VALOREMOS EL DON DE LA FILIACIÓN DIVINA.

VALOREMOS EL DON DE LA FILIACIÓN DIVINA.
SER MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE, VALOREMOS EL DON DE LA FILIACIÓN DIVINA.

En el contexto, del año jubilar de la Misericordia, y queriendo seguir los lineamientos del Santo Padre Francisco, que como Iglesia podemos poner más en evidencia nuestra misión de ser testimonio de la misericordia, con un  camino que debe iniciar con una conversión espiritual; viviendo este camino a la luz de la palabra del Señor: “Sed misericordiosos como el Padre” (Lc. 6,36). Quisimos compartir la temática de: SER MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE, VALOREMOS EL DON DE LA FILIACIÓN DIVINA.


Recordando que solo si valoramos el don de la filiación divina, que consiste en reconocernos Hijos del Padre Misericordioso y por eso hermanos de todos los hombres, es posible encontrar la Paz, la libertad y en últimas, la identidad. Si no descubrimos nuestro  principio fundamental, nuestra esencia: Soy Hijo del Padre Misericordioso, nos es imposible nuestra identidad filial con nuestro Padre, que nos lleve a experimentar su Amor y por consiguiente con todos nuestros hermanos.


Por esta razón es determinante que nuestra espiritualidad cristiana esté orientada a descubrirnos y ayudar al otro a descubrirse hijo del Padre Dios. Así, lograremos entender que: A mi hermano lo reconozco como una bendición para mí, de mi hermano debo sentirme responsable, tener siempre presente que mi misión es la de salvar almas (Como el Señor se lo dijo a Santa Faustina) y  lograremos dar la respuesta adecuada a la pregunta que hoy nos hace el Señor: ¿Dónde está tu hermano? Pero dando respuesta a esta pregunta de forma concreta, tangible y visible, como no lo pide Jesús en el Evangelio, imitándolo a Él, no sin antes queriendo estar con Él, compartiendo nuestra identidad de hijos del Padre - Él, por naturaleza y nosotros por participación - sabremos dar respuesta con las obras concretas de Misericordia. Nos lo escribe el Papa Francisco en la Misericordiae vultus: La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueve en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo.


Viviendo esta realidad concreta, tangible y visible como Iglesia que somos, y que porta y anuncia el año de gracia, santo y jubilar de la misericordia; podremos dar respuesta a este mundo convulsionado, confundido, deprimido y distraído, que gime como con dolores de parto esperando la manifestación de nosotros los hijos de Dios.


Es el mar donde nosotros, los Misioneros de la Misericordia, invitamos a todos ustedes, como  laicos comprometidos, a hacer la diferencia y lanzar las redes, impactar, e influenciar la vida de mi hermano, con el mensaje de salvación, la Palabra de Dios,  que generosamente se nos compartió por Misericordia de Dios.